miércoles, 20 de febrero de 2008

Ni por Mar ni por Tierra

(Cuadro de Héctor hecho por Fernando Marcos)
Sería más de medianoche cuando empujaron los batientes de la puerta de entrada y apareció Barreto acompañado de dos amigos. Cruzó el espacio que lo separaba de nuestra mesa, con su aire especial, las manos sumidas en los bolsillos de su abrigo café, el rostro serio y el rictus amargo e irónico en la boca. Al llegar a nuestro lado se hecho atrás el sombreros de alas subidas y de un salto pasó por encima de unas sillas para sentarse a nuestro lado. Los que lo acompañaban también se sentaron; aún cuando no eran escritores, venían a escucharle, pues le admiraban como a hombre y jefe capaz de dirigirlos a través de sus correrías nocturnas y pendencieras. De inmediato el ambiente cambió, tomando un no sé qué de extravagante y legendario, como si ese muchacho de ojos afiebrados, aportase un séquito de presencias invisibles y en torno de él se entretejiera el oro de la leyenda.
Y así era.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Look here

Rafael Martel dijo...

aunque conocia varios de los etalles por medio de la obra de Serrano, te doy las gracias mediante estas por revivir la llama.
Teluricas gracias por tan refrescante Blog

¡¡¡EVOHE!!!